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EL ARTE (Y EL CAOS) DE LIDERAR UN EMPRENDIMIENTO Y CRIAR A UN HIJO AL MISMO TIEMPO

13 oct
4 min de lectura

Hay una pregunta que me hacen mucho: «Oye, Fer, ¿y cómo le haces para equilibrar tu negocio, tu hijo, tu casa y tu vida?».


Y generalmente la respuesta es muy corta: no sé.


La respuesta larga tampoco es muy alentadora: no los equilibro, los voy acomodando como puedo, esperando que ninguno se caiga y, honestamente, algunos días sí se caen.


A modo de humor, les contesto que un día descuido mi salud mental, otro día la casa parece escena de crimen, otro me doy cuenta de que llevo tres días viviendo a base de café y pendientes, y hay semanas en las que mi hijo recibe una versión bastante presente de mí y otras en las que siento que estoy con él físicamente, pero mi cabeza sigue contestando mensajes, haciendo cuentas o pensando qué demonios voy a hacer con el siguiente problema.


Luego están esos días en los que me veo al espejo y pienso: «¡Qué fregona soy!».


Y es que emprender y criar a un hijo al mismo tiempo no siempre se parece a esas agendas perfectamente organizadas de Instagram, con horarios que coinciden, porque a veces el niño enferma, el negocio cae o simplemente una comida casual en un restaurante lindo se parece más a intentar apagar cinco incendios mientras haces una videollamada.


Yo empecé a emprender en pandemia. Mi hijo tenía seis años y yo tenía una idea, muchas ganas y una cantidad de confianza que hoy me da un poco de ternura. Y no sabía que emprender también significaba aprender de impuestos, proveedores, ventas, redes sociales, clientes, números, logística, errores, decepciones y decisiones que nadie más puede tomar por ti.


Porque sí, cuando eres la dueña, la última palabra es tuya (y se siente mal, pero a veces muy, muy bien).


Y eso suena muy bonito hasta que llega la noche y la última palabra también es tuya. Y mientras intentas conciliar el sueño, la cabeza dice:


«Oye, pero ¿lo hicimos bien? ¿Y si no funciona? ¿Y si estoy equivocada? ¿Y si este gasto era innecesario? ¿Y si mañana no vendo? ¿Y si no puedo?». Y después, conforme avanzas, descubres que sí puedes.


Hay decisiones que he tomado con una seguridad impresionante y otras que he tomado llorando, pero las dos cuentan; en ambas hay aprendizajes.


Hoy tengo una florería en cuatro ciudades, trabajo como event planner y manejo las redes sociales de otros negocios.


A veces lo digo y pienso: «Qué bonito», pero también ha sido agotador. Y es que no todo crecimiento se siente como éxito, ¿verdad? A veces crecer se siente como dormir menos, como aprender a decir que no, como perder personas, como descubrir que no todo cliente es para ti o darte cuenta de que algunas personas a las que querías cerca solamente estaban cómodas con la versión de ti que todavía no sabía poner límites. Porque sí, emprender también nos refuerza la seguridad, la resiliencia y el dominio propio y nos enfrenta a la frustración.


Hoy pienso que quizá eso también sea emprender: seguir incluso cuando no hay certezas, aunque tengas miedo, aunque quieras «tirar la toalla». Y a eso súmale ser madre. Oye, no pretendo asustarte, te prometo que lo vale. Lo que quiero es que nos reconozcamos, que veamos lo crudo del emprendimiento, lo crudo de la maternidad y lo abrumador que puede ser combinar ambos. Pero si algo sé es que eres una persona antes de empezar y otra conforme avanzas.


Pero este caos también me ha permitido estar presente en la vida de mi hijo como yo elegí hacerlo. Lo tuve joven y, como muchas mujeres, aprendí la maternidad mientras la estaba viviendo. No tenía todas las respuestas, ni todavía las tengo, pero sí sé algo: nunca he querido ser una mamá perfecta, pero sí una mamá presente. Y de repente ya tenía dos bebés: mi hijo y mi negocio. Ambos demandaban tiempo, ambos me necesitaban y hoy creo que parte de mi responsabilidad como mamá y emprendedora es aprender a tomar distancia: dejarlos crecer y acompañarlos con dirección, estar cerca sin abrumar y aprender que ellos también tienen lecciones que darnos y que el no tener todas las respuestas nos hace ser honestos con nosotros mismos.


El camino ha sido solitario muchas veces, porque emprender puede ser muy solitario; ser mamá también, ser mamá soltera aún más, y hacer ambas cosas al mismo tiempo puede sentirse como vivir con una conversación permanente dentro de mi cabeza. Pero también he aprendido que no necesito tener el control de todo para estar haciendo las cosas bien. Esa ha sido una de las lecciones más difíciles. Hoy ya no pretendo tener el control de todo de manera absoluta: ni del negocio, ni de la casa, ni de mi hijo, ni de la agenda, ni de mi cabeza, porque, spoiler: no se puede.


¿Pero sabes qué sí podemos? Hacernos cargo de nuestro cuerpo: ejercitarlo; de nuestra mente, de nuestros hábitos, de nuestra fe. Porque sí, hay días para ser una supermujer empresaria y otros para hacer palomitas en las peores fachas y ver una peli con mi hijo, y ambas versiones siguen siendo tú.


Y quizá eso sea lo que más agradezco al final del día, cuando apago la lap, cierro el negocio y veo a mi hijo dormir: que mientras intento construir un negocio, también estoy construyendo una vida. Mi vida, la de mi hijo… Nuestra vida.




4 comentarios

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Mariana Franco
16 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Cierto! antes de ser mamás somos mujeres y nos merecemos mucho amor 🩷

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Erika Huerta
14 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Reconfortante y muy cierto; como Madres, tenemos mucha responsabilidad a cargo, pero la principal es ser honestas y felices con nosotras mismas.

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Mel
14 oct

Me encanta saber que si se puede y leer el diario de alguien que desde una vida real lo cuenta tal como es, éxito!

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Invitado
14 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

¡Gracias por compartir! Me encanta la autenticidad y transparencia de tu escrito. Y es que encontrar el balance como mamá y emprendedora ¡es un arte! Que no siempre tiene trazos "perfectos", pero siempre estará repleto de texturas, sensaciones y colores.

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