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Pasión por la cocción

18 oct
3 min de lectura

Érase una vez una joven de unos 15 años, la cual era la tercera hija de cuatro hermanos, todos ellos hijos de dos grandes seres humanos, que a lo largo de su vida siempre les inculcaron buenos valores, pero sobre todo las “ganas” y “un gran ánimo” por realizar las cosas siempre lo mejor que estuviera en sus manos. 


Esta joven, siempre muy alegre, gustosa por ayudar en labores cotidianas en casa, era natural verla contenta y reflejaba con una sonrisa su felicidad a dicha edad; el cariño que había dentro del hogar le ofrecía seguridad y tranquilidad a la vez.


Su madre, quien decidió nombrarla con su mismo nombre, siempre encontró en la cocina una especie de refugio para elaborar deliciosos platillos que desde la “Oma” —así se dice abuela en alemán, pero también quiere decir “amor” en el lenguaje de mi familia— se ha encargado de pasar de una generación a otra, tantas y numerosas expresiones de cariño llamadas “recetas de familia”.


Esta jovencita aún no lo sabía, pero cada vez que ella entraba a aquel espacio lleno de aromas interminables, estaba forjando un lazo muy fuerte entre su madre y ella… ¿el protagonista la mayoría de las ocasiones?… Un exquisito y peculiar pay de manzana, receta única, que hasta el día de hoy la gente del pueblo le pregunta a mamá si aún los elabora. 



Esta chica podría entrar y salir de casa, como tantas chicas de su edad, pero ese olor en casa tan particular prevalecía hasta el día siguiente. Si bien su madre los realizaba porque en algún momento era necesario, siempre mostró un gran ánimo por cada pay a ejecutar. ¡Era increíble cuántos podía sacar del horno una vez teniendo la masa lista! ¡Qué energía de esta señora!, que además de tener un negocio fuera de casa, siempre llegaba por las tardes, se ponía el mandil, una especie de paliacate en la cabeza, y daba por iniciado el proceso de tan delicioso postre; digna de admiración, de veras. 


La vida siguió, esta joven se hizo adulta y se casó con el que hoy en día es su compañero de vida, pareja, cómplice de tantas aventuras y, pues, en pocas palabras: el amor de su vida.


Dicen por ahí que uno atrae las cosas, pues bien: su actual suegra resultó una gran cocinera, pero de esas que ya no hay hoy en día, aquellas que, como la madre de la joven, heredaron un conocimiento espectacular en el arte de la buena cocina; esa comida de pueblo que realmente la pruebas y te transporta a los sabores más increíbles y únicos de los guisos que es difícil encontrar en esta época.


Como era de esperarse, el joven esposo, acostumbrado a ese buen sazón desde casa, pidió a su nueva esposa que aprendiera un poco de ese conocimiento de su madre, es decir, de la suegra conocedora. Resulta algo incómodo que te digan qué hacer o cómo hacerlo… pero lejos de pensarlo mucho, decidió involucrarse en cada receta que su suegra le compartió a esta alumna curiosa. 


Pues bien, ahora tenía dos grandes maestras: por un lado, su bella mamá, con una fila larga de postres, pastas, platillos gourmet, recetarios interminables, pero esos que se conservan en la mente, aún más especiales que los que están en papel o que encuentras en las redes con facilidad.


Y, por otro lado, su linda suegra, que siempre estuvo dispuesta a compartir su gran legado con su joven nuera; de igual manera, recetas que hasta la fecha, ¡ella misma cambia la manera de realizarlas! Es inesperado cómo hará ahora el famoso mole, o guiso de carne en chile pasilla, o bien, el tan esperado adobo, al que todos corren a degustarlo cuando lo hace.


Más tarde comprendí a ambas abuelas: esa era la mejor manera de demostrarnos su amor: vernos felices comiendo lo que ellas preparan con tanto esmero. 


Doy gracias por haber estado en el momento indicado, de ser esta joven dichosa, que desde pequeña ha tenido la oportunidad de tener una gran mamá y una gran suegra; que, además de ser unas excelentes cocineras, son unas mujeres invaluables; sembraron en mí esta PASIÓN por la buena cocina, misma que yo hago hoy en día con mis dos nenas, unas gemelas hermosas; ellas, como yo, son tan afortunadas al tener estas bellas abuelas. 


La vida se trata de eso: observar, aprender, encontrar algo que te haga muy feliz al ejecutarlo, y si puedes compartirlo con los que más quieres… además de esta gran alegría, serás una persona bendecida en tu vida. 



5 comentarios

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Federico
19 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Es todo un día festivo cuando las abuelas y mi esposa Erika nos cocinan algo especia!!, se siente una vibra muy padre y todos nos sentamos felices a platicar y disfrutar de esos manjares ! Somos muy afortunados de tenerlas en nuestras vidas.

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Invitado
19 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Que delicia (literal)! Y que gran bendición aprender de dos grandes cocineras 🤗😋

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Victoria Ruiz
19 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Que increíble tener tanta pasión por algo tan interesante como la cocina! TE ADMIRO MAMIIIII

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Almen
19 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Muy linda historia, pero que increíble que tengas dos fuentes de conocimiento tan grandes! Se antoja probar algo la fusión que has logrado, tus herencias gastronómicas sumadas al estilo que tu le has puesto. Felicidades!

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Melissa
19 oct

Comparto esa gran felicidad de recordar momentos en familia a través de los alimentos y hasta la fecha cuando veo o pruebo algo similar a los platillos de la familia, me transporta a ese momento de mi vida y me da felicidad y nostalgia.

Gracias por hacernos sentir en casa por unos momentos 🙂

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